Predica por el Pastor Rev. Manuel Santiago.
Hay una búsqueda que une a toda la humanidad: el deseo de sentir deleite. Todos, de una forma u otra, anhelamos ese gozo interior que trae descanso, satisfacción y esperanza. El problema es que el “deleite” que ofrece el mundo es escaso y pasajero. Promete mucho… pero dura poco.
Por eso vemos a tantas personas corriendo de un lado a otro: buscando experiencias, compras, distracciones, placeres, aplausos, relaciones o “algo” que calme el vacío del alma. Y cuando termina la temporada (después de las fiestas, después de la emoción, después del gasto), muchas veces vuelven las tristezas, las presiones, la culpa o la ansiedad.
La Palabra de Dios, sin embargo, no solo describe esa realidad: nos da un camino seguro. En Salmo 37, David nos entrega un consejo profundo y práctico para vivir con un deleite que no se extingue.
El consejo bíblico: confiar, hacer el bien y deleitarnos en Dios
David escribe:
“Confía en Jehová, y haz el bien;
y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad.
Deléitate asimismo en Jehová,
y él te concederá las peticiones de tu corazón.
Encomienda a Jehová tu camino,
y confía en él; y él hará.
Exhibirá tu justicia como la luz,
y tu derecho como el mediodía.”
(Salmo 37:3–6)
En estos versos encontramos un orden espiritual poderoso:
- Confía en Jehová.
- Haz el bien.
- Deléitate en Jehová.
- Encomienda tu camino.
- Confía… y Él hará.
No es una fórmula mágica: es una dirección de vida.
1) El mundo ofrece deleites momentáneos; Dios ofrece gozo duradero
Hay deleites que “suben” rápido y “bajan” peor: excesos, vicios, escapismo, decisiones impulsivas. Mucha gente intenta llenar el alma con lo que solo entretiene la carne.
Pero el gozo de Dios es distinto. No depende de la cuenta bancaria, ni de que todo salga perfecto, ni de que la gente te trate como quisieras. El gozo del Señor puede sostenerte aun en medio de tormentas.
Jesús lo dijo de manera clara: hay un gozo que Él mismo da, y nadie lo puede quitar.
“Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.” (Juan 15:11)
2) La Palabra de Dios aconseja y advierte: nos enseña a vivir
Algo hermoso de la Escritura es que no solo “informa”: forma. Nos corrige, nos guía, nos alerta y nos consuela. Desde el comienzo, Dios advirtió al hombre para protegerlo. Y hasta hoy, cada vez que abrimos la Biblia, Dios sigue hablándonos con amor y verdad.
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.” (2 Timoteo 3:16)
Si queremos conocer la voluntad de Dios, no tenemos que adivinarla: está escrita. Lo que Dios quiere que seamos, lo que Dios espera de nuestra vida, cómo caminar, cómo decidir… lo hallamos en Su Palabra.
3) No pongas tu confianza absoluta en las personas: ponla en Cristo
David comienza diciendo: “Confía en Jehová”. Y no es casualidad. En un mundo donde la confianza se rompe con facilidad, Dios nos dirige a un refugio seguro.
Personas pueden fallar: amigos, familiares, líderes, incluso quienes nos aman. Eso no significa que no podamos amar y relacionarnos, pero sí significa que nuestra confianza absoluta debe estar anclada en el Señor.
“Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre.” (Salmo 118:8)
Y cuando alguien se desilusiona de personas, a veces toma una decisión peligrosa: alejarse de Dios por culpa de los hombres. Pero aquí está la verdad: no nos convertimos a la gente; nos convertimos a Cristo. Él es el Salvador. Él es el fiel. Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos.
“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…” (Hebreos 12:2)
4) “Deléitate en Jehová”: una decisión personal, no delegable
La Escritura no dice: “espera que alguien te deleite”. Dice: “Deléitate”. Es decir: hay algo que tú y yo debemos cultivar.
Deleitarnos en el Señor es aprender a encontrar nuestra alegría principal en Dios: en Su presencia, en Su palabra, en la adoración, en la comunión, en la obediencia, en el servicio. Cuando ese deleite se vuelve el centro, la vida cambia: podemos atravesar pruebas sin perder el rumbo.
Pablo lo expresó así:
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:13)
El deleite en Dios no niega la realidad (dolor, pérdida, batalla), pero impide que la realidad gobierne el corazón. Nos enseña a permanecer.
5) “Y él te concederá las peticiones de tu corazón”: Dios responde con sabiduría
Este verso se cita mucho, pero a veces se entiende mal. No es una licencia para pedir “cualquier cosa” sin discernimiento. Es una promesa conectada al deleite y a la rendición.
Cuando te deleitas en el Señor, tu corazón se alinea con el suyo. Tus deseos se purifican. Tus prioridades cambian. Y Dios, como Padre bueno, responde de la manera que más te edifica.
“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto…” (Santiago 1:17)
A veces Dios dice “sí”.
A veces dice “espera”.
A veces dice “no”, porque eso que pedimos podría dañarnos o desviarnos.
Y eso también es amor.
6) “Encomienda a Jehová tu camino”: rendir la voluntad a Dios
Encomendar el camino no es solo “pedir permiso”. Es entregar la ruta: tus pasos, tus decisiones, tus planes, tus mudanzas, tus finanzas, tu familia, tus cargas. Es decirle al Señor: “Esto es tuyo. Guíame.”
Jesús mismo nos enseñó a orar así:
“Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” (Mateo 6:10)
Y la Palabra añade un principio imprescindible: sin fe, no se puede agradar a Dios.
“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” (Hebreos 11:6)
7) Dios trae justicia y defensa: “como la luz… como el mediodía”
David cierra esta sección con una imagen poderosa: Dios exhibirá tu justicia como la luz y tu derecho como el mediodía.
La luz revela. La luz aclara. La luz no se esconde. Dios sabe defender a sus hijos. Dios sabe sacar a la luz lo que es verdadero. Dios sabe sostener al que camina con integridad.
“Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?” (Salmo 27:1)
Y también:
“El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende.” (Salmo 34:7)
Cuando estamos en la luz, no vivimos escondiéndonos. Vivimos con paz. Con dirección. Con esperanza.
Cómo vivir esta palabra esta semana (aplicación práctica)
Si quieres pasar de un deleite pasajero a un deleite perdurable, prueba esto:
- Haz de la oración tu primer recurso, no tu último.
- Abre la Biblia cada día aunque sea un capítulo: deja que Dios te aconseje.
- Identifica qué cosas te roban el gozo (resentimiento, queja, comparaciones, distracciones) y preséntalas al Señor.
- Encomienda tus decisiones: “Señor, si tu presencia no va conmigo, no quiero moverme.”
- Alaba a Dios aun cuando no “sientas” ganas: el deleite no depende del ánimo; depende del ancla.
Cierre: pon tu delicia en Jehová… y espera en Él
Hay pruebas, hay ataques, hay momentos difíciles. Pero una cosa permanece: Dios no falla. Y el deleite que nace en Su presencia no se compra, no se fabrica, no se imita, no se mantiene con apariencias. Se cultiva.
Así que hoy, el consejo sigue vigente:
Confía en Jehová. Haz el bien. Deléitate en el Señor. Encomienda tu camino. Confía… y Él hará.
Porque el deleite en Dios no es efímero.
Es una vida sostenida por la verdad.
Y una esperanza que no avergüenza.
“Deléitate asimismo en Jehová,
y él te concederá las peticiones de tu corazón.” (Salmo 37:4)
Si deseas escuchar este mensaje completo tal como fue predicado, con su unción, exhortación y desarrollo bíblico, te invitamos a ver el video a continuación. Permite que Dios ministre tu corazón mientras escuchas la enseñanza completa.
