Éxodo 25:8-9 “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos. Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis.”
Introducción
Dios siempre ha deseado habitar en medio de su pueblo. Desde el Antiguo Testamento, vemos cómo Él estableció un lugar específico donde su presencia se manifestaría: el tabernáculo. No era simplemente una estructura física, sino un espacio santo, diseñado conforme a la voluntad divina, donde el pueblo podía acercarse a Él en adoración.
Hoy, aunque no tenemos el tabernáculo como en tiempos de Moisés, cada templo donde se congrega la iglesia se convierte en ese lugar especial donde Dios se manifiesta. Por eso, es importante entender que la adoración no es algo improvisado ni superficial, sino algo que requiere orden, reverencia y entrega genuina.
El propósito del santuario
Dios fue claro al dar la instrucción: “harán un santuario para mí”. El propósito principal del santuario era que Dios habitara en medio de su pueblo.
Esto nos enseña que:
- La casa de Dios no es un lugar común.
- Es un espacio donde se manifiesta su presencia.
- Es un lugar destinado exclusivamente para la adoración.
Hoy en día, muchos han perdido esta visión. Algunos ven el templo como un lugar social o incluso como entretenimiento. Sin embargo, la casa de Dios sigue siendo un lugar santo donde se le honra, se le glorifica y se le adora con reverencia.
El orden en la adoración
Dios no dejó nada al azar. El tabernáculo tenía un diseño específico, con instrucciones detalladas sobre cada elemento. Esto nos enseña que:
- La adoración tiene un orden.
- Hay una manera correcta de ministrar delante de Dios.
- La reverencia es esencial.
En el tabernáculo:
- Los sacerdotes debían limpiarse antes de ministrar.
- Había una preparación tanto interna como externa.
- Todo se hacía conforme a lo establecido por Dios.
Esto aplica también hoy. No se trata solo de apariencia, sino de una vida limpia delante de Dios, tanto en el corazón como en la conducta.
El significado del tabernáculo
El tabernáculo estaba dividido en tres áreas principales:
1. El atrio
Representaba el acceso inicial a Dios. Allí estaba el altar de sacrificio, que simboliza el sacrificio de Cristo.
2. El lugar santo
Aquí se encontraban:
- La mesa de los panes (la Palabra de Dios)
- El candelero (la luz)
- El altar del incienso (la oración)
Hoy, esto representa:
- Alimentarnos de la Palabra
- Ser luz en medio de las tinieblas
- Presentar nuestras oraciones como incienso delante de Dios
3. El lugar santísimo
Era el lugar más sagrado, donde estaba el arca del pacto y la presencia de Dios.
Solo el sumo sacerdote podía entrar una vez al año para expiar los pecados del pueblo. Sin embargo, esto cambió con Cristo.
Cristo y el acceso a la presencia de Dios
Cuando Cristo murió en la cruz, ocurrió algo poderoso:
Mateo 27:50-51
“El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.”
Esto significa que:
- Ya no hay separación entre Dios y el hombre.
- Ahora podemos acercarnos directamente a su presencia.
Hebreos 4:16
“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia.”
Cristo se convirtió en nuestro sumo sacerdote eterno, quien intercede por nosotros y nos abrió el camino al lugar santísimo.
La verdadera adoración
Dios no busca cualquier tipo de adoración. Jesús dijo:
Juan 4:23
“El Padre tales adoradores busca que le adoren en espíritu y en verdad.”
Esto implica:
- No es solo levantar las manos o decir palabras.
- Es una actitud del corazón.
- Es una entrega genuina a Dios.
La verdadera adoración:
- No es superficial
- No es emocional solamente
- Es espiritual y sincera
Vivir en el Espíritu
La Biblia nos enseña:
Gálatas 5:16
“Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.”
La carne muchas veces se opone a la adoración:
- Da excusas
- Produce cansancio
- Genera distracciones
Pero el Espíritu nos impulsa a:
- Buscar a Dios
- Adorarle
- Permanecer en su presencia
El propósito de congregarnos
La razón principal de venir a la casa de Dios es clara:
Adorar a Dios.
No es para:
- Criticar
- Compararse
- Discutir
Es para:
- Glorificar a Dios
- Recibir su presencia
- Ser transformados
Salmos 27:4
“Una cosa he demandado a Jehová… que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida.”
Conclusión
Dios sigue buscando un pueblo que le adore con reverencia, con pureza y con un corazón sincero.
El templo sigue siendo:
- Casa de oración
- Lugar de encuentro con Dios
- Espacio de transformación espiritual
Recordemos siempre:
- No es un lugar común
- No nos pertenece a nosotros
- Le pertenece a Dios
Y cada vez que entremos, hagámoslo con una actitud correcta, sabiendo que estamos en la presencia del Dios vivo.
Oración final
Señor, gracias por tu palabra. Ayúdanos a entender la importancia de tu casa y a adorarte con reverencia, en espíritu y en verdad. Limpia nuestro corazón y enséñanos a vivir en santidad delante de ti. En el nombre de Jesús, amén.
Te invitamos cordialmente a visitarnos y congregarte con nosotros, donde juntos adoramos a Dios, aprendemos Su Palabra y crecemos como familia en Cristo. Queremos orar contigo y caminar a tu lado en tu relación con el Señor. Visítanos – Dirección y horarios.
