Predica por el Pastor Rev. Manuel Santiago.
Un llamado a despertar el alma y caminar en fe
Hay momentos en la vida en los que estamos físicamente presentes, pero espiritualmente ausentes. Estamos sentados en el culto, escuchando la Palabra, pero nuestra mente y nuestro corazón siguen acostados, cargados por el cansancio, la rutina o la aflicción. Por eso, hoy el llamado de Dios es claro y directo: “Levántate y enderézate”.
Bendice, alma mía, a Jehová
El Salmo 103 es un canto de gratitud profunda, una conversación del salmista con su propia alma. David no espera a que las circunstancias mejoren para adorar; él ordena a su alma que bendiga al Señor.
“Bendice, alma mía, a Jehová,
y no olvides ninguno de sus beneficios.
Él es quien perdona todas tus iniquidades,
el que sana todas tus dolencias;
el que rescata del hoyo tu vida,
el que te corona de favores y misericordias;
el que sacia de bien tu boca
de modo que te rejuvenezcas como el águila.”
(Salmo 103:2–5)
Cuando el alma no alaba, muchas veces es porque el espíritu está contristado. Pero la adoración no depende del ánimo, ni del dolor, ni de la situación. Adorar es una decisión, y también una necesidad espiritual.
Cuando el cuerpo habla, la fe responde
Nuestro cuerpo —la carne— constantemente nos habla: “no puedes”, “estás cansado”, “estás enfermo”, “ya no hay fuerzas”. Pero la fe responde con la Palabra de Dios.
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
(Filipenses 4:13)
Sacar el “no puedo” de nuestro vocabulario es un acto de fe. Dios sigue sanando, sigue restaurando, sigue levantando. Tal vez no estamos al cien por ciento, pero si Dios ya nos ha sanado antes, Él puede hacerlo otra vez.
Una mujer encorvada… y un Dios que endereza
En el Evangelio de Lucas encontramos una historia poderosa:
“Había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar.”
(Lucas 13:11)
Esta mujer llevaba 18 años en esa condición. Nadie la había ayudado. Nadie la había sanado. Pero Jesús la vio. Y cuando Jesús ve, algo siempre sucede.
“Mujer, eres libre de tu enfermedad.”
(Lucas 13:12)
Jesús no la interrogó, no la juzgó, no la expuso. La llamó, la tocó y la enderezó. Dios no quiere ver a Su pueblo encorvado, ni física ni espiritualmente. Él quiere hijos derechos, libres, restaurados.
¿Quieres ser sano?
En Juan capítulo 5, Jesús se encuentra con un hombre que llevaba 38 años enfermo, esperando junto al estanque de Betesda.
“Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?”
(Juan 5:6)
La pregunta parece obvia, pero es profundamente reveladora. No todos quieren cambiar. No todos quieren levantarse. Algunos se han acostumbrado a vivir encorvados, dependiendo de excusas, del pasado o de otros.
Pero cuando Jesús da la orden, no hay negociación:
“Levántate, toma tu lecho y anda.”
(Juan 5:8)
El hombre obedeció al instante. La obediencia activó el milagro.
Sanados para servir
Más adelante, Jesús encuentra a este hombre ¿dónde? En el templo.
“Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor.”
(Juan 5:14)
Dios no nos sana para que volvamos a la misma vida de antes. Nos sana para servirle, para caminar en santidad, para dar testimonio de Su poder.
Hoy es el día
La pregunta final no es si Dios puede sanar. Él puede.
La pregunta es: ¿Estás dispuesto a levantarte? ¿Estás dispuesto a enderezarte?
Tal vez has estado mucho tiempo encorvado por el dolor, la rutina, la culpa o la incredulidad. Pero hoy Dios sigue diciendo lo mismo:
Levántate. Enderézate. Anda.
Y cuando lo hagas, dale toda la gloria a Él. Porque solo Dios sana el alma, restaura el espíritu y renueva la vida.
Si deseas escuchar este mensaje completo tal como fue predicado, con su unción, exhortación y desarrollo bíblico, te invitamos a ver el video a continuación. Permite que Dios ministre tu corazón mientras escuchas la enseñanza completa.
