Predica por el Pastor Rev. Manuel Santiago.
El pueblo desprecia la bondad de Dios
Reflexión basada en el Salmo 81
La Palabra de Dios nos confronta, nos corrige y nos recuerda verdades eternas que no pierden vigencia con el tiempo. Uno de esos mensajes poderosos lo encontramos en el Salmo 81, un pasaje que revela el dolor del corazón de Dios cuando Su pueblo desprecia Su bondad.
Un Dios bueno, un pueblo llamado a escuchar
El salmista Asaf declara palabras que estremecen el alma:
“Pero mi pueblo no oyó mi voz,
e Israel no me quiso a mí.
Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón;
caminaron en sus propios consejos.
¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo,
si en mis caminos hubiera andado Israel!
En un momento habría yo derribado a sus enemigos
y vuelto mi mano contra sus adversarios.”
(Salmo 81:11–14, RVR1960)
Aquí vemos una verdad clara: Dios desea bendecir, pero Su pueblo debe escuchar y obedecer. El problema no fue la falta de provisión divina, sino la dureza del corazón humano.
La bondad de Dios no ha cambiado
Dios no hace acepción de personas (Hechos 10:34). El mismo amor, la misma misericordia y la misma bondad que Él mostró al pueblo de Israel en el pasado, las extiende hoy a todos los que le reciben como Señor y Salvador.
Sin embargo, así como Israel cayó en la ingratitud, nosotros también corremos ese riesgo. La ingratitud hiere profundamente el corazón de Dios. A Jesús le dolió más el rechazo y la ingratitud del pueblo que los clavos, la corona de espinas o los golpes que recibió en su pasión.
“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.”
(Juan 1:11)
Cuando la adoración pierde su fuego
El Salmo 81 comienza con gozo, cánticos e instrumentos. Dios mismo exhorta a Su pueblo a adorar con alegría. La adoración nunca fue silenciosa ni pasiva. Desde tiempos antiguos, el pueblo de Dios alabó con arpas, panderos y trompetas.
“Cantad con gozo a Dios, fortaleza nuestra;
al Dios de Jacob aclamad con júbilo.”
(Salmo 81:1)
La vida en Dios no está diseñada para ser aburrida. Cuando el corazón está rendido, la adoración fluye, el gozo se renueva y el alma se fortalece. Donde hay fuego espiritual, hay vida.
El peligro de un corazón endurecido
Uno de los juicios más serios que vemos en este salmo es cuando Dios dice: “Los dejé a la dureza de su corazón”. No hay condición más peligrosa que esa.
Cuando una persona deja de escuchar la voz de Dios, comienza a caminar según sus propios consejos. La Biblia nos advierte:
“Hay camino que al hombre le parece derecho;
pero su fin es camino de muerte.”
(Proverbios 14:12)
El endurecimiento no ocurre de la noche a la mañana. Empieza con pequeños descuidos espirituales: menos oración, menos Palabra, menos congregarse, menos sensibilidad a la voz de Dios.
La Palabra: lo que sostiene al pueblo
Cuando falta la Palabra, el pueblo se debilita.
“Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento.”
(Oseas 4:6)
No basta con emociones, cantos o experiencias aisladas. Es la Palabra de Dios la que disciplina, corrige y produce temor santo en el corazón. Donde la Palabra escasea, la fe se enfría y el carácter moral se deteriora.
Dios proveyó todo… pero fue rechazado
Dios proveyó amor, perdón, alimento, agua, protección y dirección. Les dio el maná, hizo brotar agua de la roca, preservó su calzado en el desierto y les dio Su ley para guardar su carácter moral. Aun así, el pueblo se olvidó de Él.
Lo mismo sucede hoy. Dios sigue proveyendo salvación, gracia, restauración y vida eterna por medio de Jesucristo.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito…”
(Juan 3:16)
Conocer a Dios es obedecerle
El apóstol Juan lo deja claramente establecido:
“Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.”
(1 Juan 2:3)
No se trata de religiosidad ni de apariencias. Se trata de una relación viva con Dios que se refleja en obediencia, amor y una vida transformada.
“El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.”
(1 Juan 2:6)
Un llamado final: no desprecies Su bondad
El mundo entero yace bajo el maligno (1 Juan 5:19), pero los que están en Cristo han recibido entendimiento, capacidad espiritual y vida eterna.
Dios sigue esperando corazones rendidos. Un solo paso sincero hacia Él puede cambiarlo todo. Cuando Dios toma el timón de nuestra vida, Él se encarga del resto.
“Encomienda a Jehová tu camino,
y confía en él;
y él hará.”
(Salmo 37:5)
No despreciemos la bondad de Dios. Escuchemos Su voz hoy, rindamos nuestro corazón y andemos en Sus caminos. La bendición aún está disponible.
Te invitamos cordialmente a visitarnos y congregarte con nosotros, donde juntos adoramos a Dios, aprendemos Su Palabra y crecemos como familia en Cristo. Queremos orar contigo y caminar a tu lado en tu relación con el Señor. Visítanos – Dirección y horarios.
